Niños grandes
Si, a pesar de estar harto de Facebook, Instagram y Twitter a veces no tengo más remedio que entrar (es eso o no enterarme de la vida de nadie, porque claro, para qué escribir a un amigo si luego no te habla más que cuatro cosas y te enteres del resto por sus estados en redes).
Y normalmente, después de la pila de contenedores bloqueados en la navegación (Adoro uMatrix), lo que queda normalmente son memes, publicaciones tóxicas y las chorradas que más de uno comió/bebió el día anterior... Y lo triste es que lo que más impacto tiene hoy en día son las publicaciones tóxicas.
La trampa del algoritmo
Las redes sociales no están diseñadas para que pases un buen rato. Están diseñadas para maximizar el tiempo que pasas mirando la pantalla. Y la forma más efectiva de lograrlo es mostrar contenido que te enfade. La indignación vende más que la felicidad. Es un hecho psicológico: una emoción negativa genera más reacción que una positiva.
Cuando entras en Twitter (sí, lo sigo llamando Twitter, no X, que Elon no me va a pagar por llamarlo de otra forma), el feed está diseñado para que encuentres algo que te moleste. Un político que dice una burrada, un hilo polémico, una discusión absurda. Y cuando reaccionas, el algoritmo te premia mostrándote más de lo mismo. Es una máquina de dopamina inversa.
Ya no es solo el contenido político (que merece mención aparte), sino que tenemos que, sistemáticamente, tragarnos el odio de una persona/un grupo de personas por algo. Repito: tenemos que ver como otras personas se quejan de algo en una red social... DONDE ESTÁ LO SOCIAL QUE YO LO VEA.
He caído, caigo y caeré
Al principio he de admitir que también he caído (caigo y caeré) en estas chorradas, pero con las últimas dosis de hate he tenido más que suficiente. Vamos a resumir qué tipo de publicaciones son:
- Gente quejándose de una sirenita negra
- Gente quejándose de elfas negras sin barba, mujeres luchando y elfos sin pelo rubio
- Gente quejándose de un Pinocho que no es igual que la película "original"
- Gente quejándose de películas con actores que no corresponden al libro/serie/videojuego
- Gente ofendida por el grupo anterior
Mirando esto, parece que tenemos medio planeta a punto de darse de ostias entre ellos... Pero no, realmente si nos fijamos, toooda esta gente que menciono arriba son un grupo MUY PEQUEÑO (que somos ya más de 7 mil millones de humanos, cojones ya) haciendo RUIDO por ESTUPIDECES.
Y lo peor es que este ruido contamina el discurso público. Una persona normal ve el trending topic de "Sirenita negra" y asume que es un tema importante del que la sociedad está debatiendo. No, no lo es. Es un grupo de 10.000 personas haciendo ruido en una plataforma de 300 millones de usuarios. El 0.003% de la base de usuarios dictando la narrativa.
Pongamos contexto
Pongamos en contexto un par de cosas: la mayor parte de las quejas a las que hago referencia son del sector audiovisual, de obras de hace más de 18 años (en la mayor parte de los casos), por lo que gran parte de las personas que lloran en internet son personas que en otro tiempo se consideraban "adultas". Es por eso que me gustaría hacer un pequeño matiz sobre cada punto:
- Hay personas, supuestamente adultas, quejándose de la producción nueva de turno para un público infantil/joven, que no aceptan cambios de guion/estilo/protagonista porque no es igual a lo que vieron cuando eran niños
- Estas personas, supuestamente adultas, llevan campañas de boicot en redes y sitios de reviews solo porque no han recibido el contenido que ellos quieren
- En lugar de no ver el contenido, ignorarlo y vivir su vida, se dedican a publicar constantemente su odio y rechazo a que un ser ficticio sea de piel negra, que no se adapte a lo que su cerebro imaginó cuando leyó un libro, o que exista un personaje femenino que no siga un estándar de una época que solo existió en la mente de un escritor
- Para más inri, aparece un grupo, totalmente opuesto en valores o ideales al anterior, que en lugar de dejarlos en su lago de lloros y que busquen ellos su propia ambulancia, se dedican a malgastar energías y tiempo en llevarles la contraria, consiguiendo esparcir mucho más el fango de odio en internet
La dinámica es siempre la misma:
- Alguien hace una adaptación/versión nueva de algo existente
- Un grupo pequeño pero ruidoso se ofende porque "no es como el original"
- Otro grupo igual de ruidoso se ofende porque el primer grupo se ofende
- Las plataformas amplifican el conflicto porque genera engagement
- El 99% de la población observa el circo y sigue con su vida
- Pero todos percibimos que "hay mucha toxicidad en internet"
El error está en confundir lo ruidoso con lo numeroso. En internet, 10.000 personas gritando parecen 10 millones. 10 millones de personas tranquilas ni se notan.
La gran mayoría observa el espectáculo
En resumen: Tenemos unos "adultos" quejándose por contenido ficticio que no está orientado a ellos como público objetivo, soltando mala baba por cambios de raza/sexo/atributos físicos de seres inexistentes y que invierten una enorme cantidad de tiempo en crear valoraciones falsas en sitios de internet, mientras otros "adultos" no paran de señalarlos, insultarlos y despreciarlos creyendo que con eso el problema se soluciona... cuando en realidad lo amplifica.
Vamos, que en lugar de tener una sociedad mucho más civilizada en la era de la tecnología y la comunicación instantánea, tenemos a un puñado de niños con altavoces gritándose entre ellos mientras la gran mayoría observa el espectáculo durante un par de segundos (si es que lo hace) y luego lo ignora.
Y el problema no es que la gran mayoría lo ignore, de hecho eso sería lo correcto. El problema es que este grupo de personas ruidosas consiguen hacer creer a la mayoría que realmente son muchos más de los que realmente son.
Pero hay matices. No es solo que la mayoría ignore el ruido — es que el ruido tiene consecuencias reales. Las reviews bomba afectan a la percepción inicial de películas y series. Las campañas de acoso consiguen que actores y creadores abandonen redes sociales. El clima de confrontación constante hace que la gente tenga menos ganas de participar en debates públicos.
El efecto burbuja: por qué creemos que el odio es la norma
Hay un fenómeno psicológico que explica gran parte de este problema: el sesgo de disponibilidad. Tendemos a sobreestimar la frecuencia de eventos que son fáciles de recordar. Y en redes sociales, lo más fácil de recordar es lo que nos indigna.
Cuando ves 20 posts tóxicos en tu feed, tu cerebro asume que "todo el mundo" está enojado. Pero no ves los 10.000 posts aburridos y normales de gente viviendo su vida, porque el algoritmo no los muestra. El algoritmo muestra lo que genera reacciones, y la indignación genera muchas más reacciones que la tranquilidad.
Otro factor es la cámara de eco. Las redes sociales te muestran contenido que refuerza tus creencias. Si interactúas con contenido político de un lado, el algoritmo te muestra más de ese lado, y más del lado opuesto para que te indignes. Terminas en una burbuja donde parece que todo el mundo está discutiendo de lo mismo, cuando en realidad solo estás viendo una fracción minúscula de la conversación global.
Cómo salir del ciclo (sin desaparecer de internet)
Después de años de intentar lidiar con esto, mi estrategia ha sido:
- Mucho menos redes sociales. Borré Twitter en 2023, Instagram en 2021, y Facebook lo abro una vez al mes. Uso Mastodon y Bluesky, pero siguiendo a menos de 50 personas cada una.
- Filtros agresivos. uMatrix (o uBlock Origin en modo avanzado) bloquea la mayoría de las tonterías. Las listas de palabras silenciadas en Mastodon son extensas. No me importa perderme algo importante — si es importante, llegará por otro canal.
- Consumo pasivo, no activo. Leo RSS (con Miniflux en mi servidor) en lugar de feeds algorítmicos. Decido yo qué quiero leer, no un algoritmo.
- Desconexión programada. Los fines de semana, nada de redes sociales. Si alguien necesita algo urgente, que me llame. El resto espera al lunes.
- Aceptación. No voy a cambiar internet. No voy a convencer a nadie. Lo único que controlo es mi consumo. Y he decidido consumir menos.
El caso Mastodon: una bocanada de aire fresco
Cuando migré a Mastodon, esperaba encontrar lo mismo pero descentralizado. Y en parte es cierto: la toxicidad existe en el fediverso. Pero hay diferencias importantes:
- No hay algoritmo de recomendación. Ves lo que publica la gente a la que sigues, en orden cronológico inverso. Nada de "porque viste esto, te mostramos esto otro".
- Las instancias tienen moderación. Si una instancia permite comportamientos tóxicos, puedes mudarte a otra. No estás atrapado.
- Menos incentivo económico. Mastodon no necesita maximizar tu tiempo de pantalla para ganar dinero. No hay anuncios, no hay métricas de engagement.
No es perfecto (la descentralización tiene sus propios problemas), pero es notablemente menos tóxico. Y eso, para mí, ya es suficiente.
La responsabilidad individual frente al sistema
Es fácil echarle la culpa a las plataformas, y en parte es merecido. Su modelo de negocio es tóxico por diseño. Pero también tenemos responsabilidad individual:
- Nosotros elegimos quedarnos. Nadie nos obliga a tener Twitter.
- Nosotros elegimos reaccionar. Ignorar un comentario tóxico es una opción, y a menudo la mejor.
- Nosotros elegimos a quién seguir. Si tu feed es tóxico, deja de seguir a gente tóxica.
- Nosotros elegimos publicar. Contribuir al ruido o al silencio es una decisión personal.
Esto no exime a las plataformas de su responsabilidad, pero nos devuelve algo de agencia. No somos víctimas indefensas del algoritmo. Podemos tomar decisiones conscientes sobre nuestro consumo digital.
El futuro: ¿algo cambiará?
Ojalá llegue el día en que esto cambie. Pero no soy optimista. El modelo de negocio de las redes sociales se basa en maximizar el tiempo de pantalla, y la polarización es la forma más efectiva de lograrlo. Mientras el incentivo económico sea ese, la situación no mejorará.
Lo que sí puede cambiar es nuestra relación con ellas. Cada vez más gente hace una "digital detox", se pasa a feeds cronológicos, descubre el fediverso, o simplemente se toma las redes con más filosofía. No es una solución estructural, pero es una solución individual que funciona.
Mi recomendación: silencia mucho, sigue a poca gente, no leas los comentarios, y recuerda que la gente ruidosa no representa a la mayoría. Y sobre todo: si algo te enfada en redes sociales, cierra la app y ve a hacer otra cosa. El mundo sigue girando, y tu salud mental te lo agradecerá.
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